Los libros de anatomía
Los libros de anatomía, protagonistas de una parte del libro, eran obras de arte de la época y su valor era altísimo, como bien muestra la novela. No solo por su gran utilidad para los cirujanos y anatomistas, sino también porque los artistas involucrados en la realización de los dibujos y las muestras eran del máximo nivel. Por supuesto, era vital quién ilustraba el libro, quién conocía la anatomía humana y la plasmaba con maestría y claridad. Ya hablamos aquí del gran Vesalio, uno de los más famosos, pero no fue un caso único.
Bueno, tampoco yo estaría al tanto si en Padua no hubiese sido alumno de Matteo Realdo Colombo, o Mateo Renaldo Colón, como decimos en España. Fue el sucesor de Vesalio en su cátedra. Publicó una obra en Venecia, en mil quinientos cincuenta y nueve, De re anatomica, con un frontispicio que al parecer le dibujó Veronés, gran pintor de esa ciudad. Los libros de anatomía empezaban a dar buenos beneficios, los coleccionaban los más pudientes. Él quería competir con los grabados del Vesalio, hechos por un discípulo de Tiziano. Otros trabajaban con ilustradores del taller de Tintoretto. Pues de nada servían las mejores disecciones si no había quien diese cuenta de ellas, dibujándolas y luego grabándolas para entregarlas a aquel nuevo invento y negocio de la imprenta. Padua no habría sido la misma sin pertenecer a Venecia y tener acceso a su incomparable congregación de artistas. La competencia era muy fuerte, y la clientela, exigente en extremo. Por eso, Mateo Colón pensó para sus ilustraciones en Miguel Ángel Buonarroti, de quien era amigo y médico. Como yo tenía buena mano para el dibujo, me encargó que fuese haciendo los apuntes a medida que él realizaba sus disecciones. Y como se trataba de completar las insuficiencias del Vesalio, las fui trazando en los márgenes de mi ejemplar. Esto lo hace todavía más valioso, además de otros pormenores que os ahorro.
