La realidad contra la teoría

Proceso a Elena de CéspedesHemos comentado en otras ocasiones cómo el oficio de cirujano estaba vetado a las mujeres y cómo a pesar de ello Elena, haciéndose pasar por hombre, lo ejerció con notables resultados. Un ejemplo claro de que aquellos prejuicios eran absurdos. En la novela, Agustín Sánchez Vidal, con un sencillo pasaje pone de manifiesto este hecho enfrentando al inquisidor que está juzgando a Elena con la realidad.

Lope de Mendoza hizo un alto en la lectura del legajo Elen@ de Céspedes para revisar la copia de su examen como cirujano. Conocía a bastantes hombres dedicados al oficio de curar, pero a ninguna mujer, ni dentro ni fuera de ley. Menos aún con dos títulos oficiales. Aquello iba más allá de la fuerza bruta del soldado. Era un desempeño necesitado de gran habilidad. Contaba con mucha competencia y ojos avizor para evitar el intrusismo.
Por otro lado, Céspedes no debió hacerlo nada mal, había ejercido largo tiempo. A juzgar por su expediente, después de superar las pruebas en la capital pasó una larga temporada en Cuenca. Luego estuvo varios años en La Guarda, un pequeño pueblo de la Mancha toledana.

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